Un tumor de la médula espinal es un crecimiento no canceroso (benigno) o canceroso (maligno) en la médula espinal o en sus alrededores.

  • Las personas afectadas pueden tener debilidad o astenia muscular, pérdida de sensibilidad en ciertas áreas del cuerpo e incapacidad para controlar la función intestinal y de la vejiga.
  • Las imágenes por resonancia magnética nuclear habitualmente detectan los tumores de la médula espinal.
  • El tratamiento consiste en extirpación quirúrgica, radioterapia o ambas.

Los tumores de la médula espinal son mucho menos frecuentes que los tumores cerebrales. Pueden ser primarios o secundarios.

Los tumores primarios de la médula espinal pueden ser benignos o malignos. Se originan en las células de la médula espinal o en las que están próximas. Solo un tercio (aproximadamente) de los tumores de la médula espinal primarios tienen su origen en las células de la médula espinal. Estos tumores se extienden por la médula espinal y causan la formación de cavidades llenas de líquido (siringos).

La mayoría de los tumores primarios de la médula espinal se originan en células próximas a la médula espinal, como las de las meninges, las capas de tejido que recubren la médula espinal (ver figura Organización de la columna vertebral). Los meningiomas y los neurofibromas, que se originan en células próximas a la médula espinal, son los tumores primarios de la médula espinal más frecuentes. Ambos son benignos.

Los tumores secundarios de la médula espinal, que son más frecuentes, son metástasis de un cáncer originado en otra parte del cuerpo y por ello siempre son malignos. Las metástasis se propagan con mayor frecuencia a las vértebras desde los cánceres originados en el pulmón, la mama, la próstata, el riñón o la glándula tiroidea. Las metástasis comprimen la médula espinal o las raíces nerviosas desde el exterior. Los linfomas también pueden diseminarse hacia la columna vertebral y comprimir la médula espinal.

Aunque los tumores de la médula espinal no pueden prevenirse, algunas formas de cáncer que se propagan a la médula espinal pueden prevenirse curarse antes de que se propaguen a la columna vertebral. A pesar de que a menudo algunos tumores benignos son hereditarios, sigue siendo un misterio la causa de los tumores de la médula espinal primarios. Las causas posibles incluyen genes defectuosos, Virus y químicos.

La médula espinal, que se encuentra protegida dentro de la columna vertebral, contiene nervios que transmiten mensajes entre el cerebro y los nervios de todo el cuerpo. Un tumor en o cerca de la médula espinal puede interrumpir esta comunicación, deteriorar el funcionamiento y poner la salud en grave riesgo.

Los tumores de la médula espinal son masas de células anormales que crecen en la médula espinal, entre su vaina protectora o sobre la superficie que cubre la médula espinal. Los tumores de la médula espinal pueden afectar a personas de cualquier edad; no obstante, son más frecuentes en adultos jóvenes y de mediana edad.

Los médicos las clasifican en tres grupos principales en base a su ubicación:

  1. Tumores extra dúrales: crecen entre el conducto vertebral óseo y la membrana que protege la médula espinal (duramadre)
  2. Tumores extra medulares: crecen fuera de la médula espinal y fuera de la duramadre.
  3. Tumores intramedulares: crecen dentro de la médula espinal y fuera de la duramadre.

 

Síntomas

Los tumores de la medula espinal generalmente se forman lentamente y empeoran con el tiempo. Los síntomas se manifiestan cuando e tumor presiona sobre la medula espinal y serian:

Dolor: el dolor en la espalda es generalmente el síntoma más notable; no obstante, la presión de la medula espinal puede desencadenar dolor que se siente como si viniera de diferentes regiones del cuerpo. Este dolor es constante y puede ser ardiente y fuerte.

Cambios en la sensibilidad: estos pueden manifestarse como entumecimiento, cosquilleo, disminución de la sensibilidad por los cambios de temperatura o por el frio.

Problemas motores: tumores que dificultan la comunicación nerviosa puede causar síntomas en los músculos, como debilidad muscular progresiva o pérdida de control intestinal o de la vejiga.

 

Diagnóstico

Si presenta cualquier de los síntomas de un tumor de la médula espinal, su médico lo examinará y revisará su histona clínica en busca de otras condiciones que podrían causar síntomas similares. El examen físico incluirá un examen neurológico básico, que examina movimiento de los ojos, reflejos de las ojos y reacción de las pupilas; reflejos; audición; sensibilidad; fuerza, además de equilibrio y coordinación.

Otros exámenes de diagnóstica podrían incluir:

 

  • Tomografía computada (TAC): puede determinar la ubicación del tumor en la médula espinal y también puede ayudar a detectar infamación, hemorragia y otras condiciones asociadas. Una cámara gira alrededor del cuerpo y sus datos son recogidos por un ordenador.
  • Imagen por resonancia magnética (IRM): esta técnica brinda una imagen de la médula espinal usando un poderoso Imán, un transmisor de ondas electromagnéticas y una computadora.
  • Mielograma: esta es una técnica radiográfica especializada en la cual se inyecta un tinte dentro de la médula espinal que absorbe los rayos X. El tinte delinea la médula espinal, paro no pasará a través del tumor, lo que creará una imagen con un área oscura y angosta que indica la ubicación del tumor.
  • Punción lumbar: este procedimiento toma una muestra de líquido cefalorraquídeo, que se analiza para detectar células anormales que podrían sugerir la presencia de un tumor en la médula espinal.

 

Tratamiento

Generalmente, se recomienda cirugía de los tumores de la médula espinal primamos no cancerosos y cancerosas, y generalmente la cirugía resulta exitosa en los tumores ubicados fuera de la médula espinal.

No obstante, podría resultar imposible extirpar otros tumores sin causar daño significativo a la médula espinal. En esos casos, podría aplicarse radioterapia para disminuir el crecimiento de los tumores. Podría recomendarse quimioterapia en ciertos tipos de tumores que continúan creciendo después de la cirugía o radioterapia.

En tumores secundarios, el tratamiento dependerá del tipo de cáncer que se ha propagado a la medula espinal. No obstante, se considera la radioterapia como tratamiento primario en los casos de cáncer secundario que comprime la medula espinal. La medula espinal es aún más sensible a los afectos de la radioterapia que el tejido cerebral. Los segmentos torácicos de la medula espinal en el área de las costillas, donde aparecen aproximadamente la mitad de todos los tumores de la medula espinal, son los más sensibles a los afectos de la radiación.

Podría ser necesaria la fisioterapia para ayudar a la persona a restablecer el control y la fuerza muscular después de la radioterapia o la cirugía.